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De la magia del agua... purificadora, salvaje e incontrolable. Frágil y precisa.
Lugares y segundos que, pasen los años que pasen, no se borrarán de nuestro recuerdo.
A veces, los elementos individuales que nos rodean, se juntan, en una muda danza, y nos sobrecogen con sus colores y formas.
Las cosas más pequeñas, más cotidianas... bajo una luz apropiada... se hacen grandes riquezas para nuestro espíritu.
Ventanas hacia lo desconocido. Hacia las oportunidades que conocer. Hacia colores, olores, imágenes que nos evadan y nos muestren un nuevo camino.
Pasadizos de agua y piedra. Magia, calor, que parecen hacernos retroceder en el tiempo.
De la protección de la tierra. De la furia del mar. En medio, la madera se alza como un nexo, que nos mantiene a flote, que nos recuerda la vida.
Hay momentos mágicos aún en nuestra existencia. El amanecer. El anochecer. Dan formas etereas a nuestra realidad.
De la importancia de las pequeñas cosas. Porque son ellas las que forman nuestra realidad.
Ciertos lugares implican enfoques diferentes para poder apreciarlos en plenitud.